Cada mañana empieza con el mismo momento de calma: la ventana abierta, un vaso de agua de coco al alcance de la mano y cinco minutos para mí antes de que el día arranque de verdad. No es un gran ritual. Sin despertador a las cinco, sin listas interminables. Solo un vaso de agua de coco fresca mientras se hace el café.

Lo que más me gusta es la sencillez: agua de coco tal y como la palmera la concibió, sin etiquetas complicadas que descifrar.

¿Tú también tienes un pequeño ritual matutino en el que encaja el agua de coco? Cuéntanoslo: quién sabe, la próxima semana nos sumergimos en tu historia.